
Den gracias al Señor, porque Él es bueno; su amor es eterno.
Salmos 136:1
Reflexión:
Desde el principio de los tiempos, el amor de Dios ha sido el hilo que sostiene toda la historia de la humanidad.
Aun cuando nos alejamos, Él permanece el mismo: bueno, fiel y lleno de misericordia.
El Salmo 136 nos recuerda una y otra vez: porque su amor es eterno.
Cada palabra es un eco de la gracia que nos alcanza.
Ese amor no depende de lo que hacemos, sino de lo que Jesús ya hizo en la cruz.
Allí, el amor eterno de Dios se hizo visible: un amor que perdona, restaura y ofrece salvación a todos los que creen.
La salvación es el mayor testimonio de un amor que nunca termina.
Cuando reconocemos nuestra necesidad y abrimos el corazón a Cristo, recibimos un nuevo comienzo — no por mérito, sino por misericordia.
Oración:
Señor, gracias porque Tu amor nunca cambia y nunca falla.
Aun cuando no lo merecía, Tú me amaste y me ofreciste salvación por medio de Jesús.
Llena mi corazón de gratitud y ayúdame a vivir cada día recordando: Tu amor es eterno.
En el nombre de Jesús, amén.











